La DGA activará este viernes el operativo contra incendios forestales

Las tormentas evitan adelantar la campaña como en 2017, aunque las lluvias también causan problemas

La campaña de verano contra los incendios forestales comenzará este próximo viernes 15 de junio y contará con unos 1.236 efectivos desplegados por el territorio, número similar al del año pasado. Muchos de ellos se encuentran ya realizando trabajos de limpieza y prevención. Las lluvias de las últimas semanas han propiciado que la activación del operativo no se haya tenido que adelantar a los primeros días de junio, como ocurrió en 2017, con una primavera seca y cálida y la gran sequía que arrastraban muchas zonas.

¿Las tormentas de esta primavera van a ser malas o buenas ante el riesgo de incendios este verano? No hay una respuesta única porque suponen ventajas, pero también inconvenientes. Los chaparrones alivian el estrés hídrico de los árboles, pero favorecen el crecimiento de más pasto que al secarse constituye un combustible rápido y peligroso.

En principio, la campaña, que la DGA presentará hoy, comenzará con condiciones más favorables que en 2017. El riesgo de fuego no será a priori tan elevado, aunque la situación puede dar un giro radical si se produce una tormenta seca o una ola de calor prolongada. "Las lluvias nos dan un índice de humedad relativo mucho mayor, lo que nos permite iniciarla con una mayor tranquilidad", reconoce el director general de Gestión Forestal, Ángel Berzosa. La amenaza, alerta, es que como consecuencia de las tormentas caídas también ha crecido más vegetación en los montes y si se producen episodios extremos de altas temperaturas acelerará la disponibilidad de combustible, lo que aumentaría el peligro a corto plazo.

Una opinión que comparte, con algunas matizaciones, el decano del Colegio de Ingenieros en Aragón, Ignacio Pérez-Soba. A su parecer, las lluvias son beneficiosas "en todos los aspectos", ya que el agua queda almacenada "en todo el ecosistema del bosque" y, a la postre, los árboles crecen "más vigorosos y resistentes y con mayor resiliencia al fuego".

Acerca de la proliferación de pastizales y herbáceas por las lluvias, comenta que su "poder calorífico" en caso de prender una chispa es muy inferior al peligro que tienen los matorrales, la repoblación arbolada abandonada y las copas trabadas de los árboles, por ejemplo. Por eso, pone el acento en la importancia de los trabajos silvícolas que se puedan haber realizado con antelación.

Actualmente, la mayoría del operativo está ya trabajando en los montes en labores de prevención. Las ocho cuadrillas helitransportadas llevan desde enero, aunque solo hay dos helicópteros activos todo el año y el resto se han ido incorporando. Las 62 brigadas terrestres se sumaron a mediados de febrero. A estas alturas, según los sindicatos, faltan por integrarse un centenar de trabajadores de los puestos de vigilancia y algunos profesionales de las autobombas forestales.

Berzosa estima que se habrá intervenido en entre 1.300 y 1.500 hectáreas en labores de apertura de áreas de cortafuegos y mantenimiento de los existentes, clareos, resalveo de monte bajo y desbroce de matorral, además de restauración de incendios y eliminación de restos.

El balance de los primeros cinco meses de 2018 es ligeramente mejor que el del año pasado. En Aragón se han registrado 116 incendios, frente a los 218 de 2017. En cuanto a la superficie afectada, se eleva a 159,27 hectáreas, de ellas 18,18 de arbolado. El año pasado, se habían quemado 206,20, Los siniestros más importantes han tenido lugar en Barbués, donde el fuego arrasó 20,4 hectáreas, y Codo, con 13,24.

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