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Sobradiel

Sobradiel: magdalenas con alma felina que se dejan poner cascabel

El Horno San Marcos de Sobradiel remata las bolsas de su producto estelar con el aditamento que, según las fábulas, nadie quería poner al gato, y que aquí distingue a un manjar superlativo.

24/12/2017 a las 05:00
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Hace una década, Jesús García trabajaba en el departamento de ventas de una multinacional. Viajes aquí y allá, vida acelerada; asentado en Sobradiel, un día habló con su mujer y sobrevino la idea de hacer pan. Ahí comienza la historia del Horno San Marcos, de leña, a la antigua usanza; el pistoletazo de salida sonó el 31 de octubre de 2007, y la carrera aún continúa, cada vez con más soltura y reconocimiento por parte de la afición. Aunque el pan tiene muchos incondicionales, la tecla que los ha puesto bajo el foco (y les ha conseguido trascendencia más allá de Sobradiel) es la magdalena. Un sabor único que, por si fuera poco, gasta elemento distintivo en el empaque: la atadura de cada bolsa está rematada por un pequeño cascabel.

Lo primero es lo primero; el entorno. Jesús cree que Sobradiel no es un pueblo dormitorio. "Aunque esté tan cerca de Zaragoza, es un pueblo, nos conocemos todos, hay movimiento todo el día y nos llevamos bien, nada hay bandos. Tenemos mucha gente joven y el año que viene estrenaremos colegio, porque el actual está desbordado, ha habido que usar barracones".

Video:Sobradiel las mejores magdalenas las del cascabel

Salto mortal panadero

El principio del negocio fue complicado. "El edificio en el que estamos –aclara Jesús– era antes una nave para ganado. Cuando empezamos con esto, la crisis asomaba las orejas, quizá no era el momento adecuado, pero sí era nuestro momento; nos pareció además un seguro para el futuro de los chavales, para que tuvieran algo si decidían tirar para adelante con lo de ser panaderos. Se nos ocurrió lo del horno de leña por el recuerdo que todos tenemos de los sabores de antes, de cuando éramos pequeños. El problema es que no sabíamos nada de hornear, ni pan ni cualquier otra cosa".

A grandes males, grandes remiendos, o remedios;_las dos posibilidades son válidas. "Vinieron de otro pueblo a enseñarnos lo básico una mañana de viernes. Hicieron un cesto de 100 barras, explicándonos todo paso por paso, aconsejando sobre el cómo y el cuando, las cantidades... y al día siguiente ya estábamos haciendo pan". Jesús ríe al recordar la osadía. "Es que si no vienes de casa de panaderos, la única forma de aprender es probar lo que te han enseñado, equivocarte y volver a intentarlo. Al principio las barras salían más grandes o más pequeñas, más secas… todo era hecho a a mano, poco a poco. Mi hijo mayor se incorporó a trabajar con nosotros, buscamos una máquina para algunos procesos más mecánicos... la cosa fue tomando forma".

Dar con la tecla

En el Horno San Marcos se hizo la luz con las magdalenas. "Las hace todo el mundo, y por eso mismo empezamos nosotros con el tema, pero teniendo muy claro que iban a ser buenísimas, costara lo que costara. Lo primero fue nuestro comité de calidad y sabios, los abuelos. Cada uno iba aportando lo que sabía; que si déjalas reposar más, que si échales limón, que si esto y lo otro… al final, y teniendo en cuenta todas las normas fitosanitarias, dimos con nuestra fórmula".

A Jesús le brillan los ojos cuando entra en detalles. "Me di cuenta de que lo habíamos conseguido cuando la gente de cincuenta en adelante me decía que las comían con los ojos cerrados, y volvían de golpe a la niñez en su cabeza. Los chavales también las devoraban, más que la bollería industrial. Ahí vi claro que no podíamos bajar el nivel. Para empezar, usamos un aceite excelente, virgen extra. No basta con que tenga esa categoría, porque no todos los virgen extra son iguales; yo creo que el sabor depende de la altura a que hayan sido molidas y prensadas las aceitunas… he probado de muchos, todos muy buenos, pero cuando encontré el que uso ahora ya no he cambiado: se prensa a 700 metros, aunque los olivos estén mucho más bajos".

Hacer tilín

La fama de las magdalenas recorrió los 17 kilómetros que separan Sobradiel de Zaragoza, y los amigos y conocidos de los García empezaron a pedirlas. "Un día me vino uno –recuerda Jesús– diciendo que había comido unas magdalenas muy buenas, que sabían igual que las de aquí, pero que no estaba seguro de que fueran las mismas. Algo había que hacer, y se nos ocurrió lo del cascabel para atar las bolsas, uno pequeño. Luego empezamos en la panadería con lo de bolsa gratis por cada diez cascabeles, y la gente empezó a guardarlos para traerlos". La producción es limitada, como el espacio y el personal. "Hacemos las que podemos, porque no somos muchos, pero así controlamos que sean siempre como deben ser. Hay otras actividades que ocupan tiempo y que queremos seguir desarrollando. Lo bueno es que las magdalenas del Horno San Marcos han cogido fama y son como el cochinillo en Segovia o la miel en la Alcarria, el que viene aquí, las busca".

Un día de escuela diferente

Jesús y su equipo abren el horno a más de 1.500 peques cada año. Los colegios de diversas edades vienen y pasan una mañana entre panes, magdalenas y mantecados. "A los chavales les montamos unos tableros a su altura, colocamos cestas y empezamos una representación. Les contamos que se nos ha olvidado hacer el pan y que tienen que ayudarnos; los pequeños enseguida se apuntan, y los que no se lo creen se interesan por lo que vamos a decir después. Lo mejor es que se pongan con las manos en la masa, literalmente; luego las metemos al horno y ven como sube el pan... se lo pasan muy bien". 

Jesús no se pierde esta actividad; el resto del equipo ayuda, incluidos miembros de la familia y dos chicas de refuerzo. Luego, los que hayan descansado por la mañana harán magdalenas por la tarde. "Cuando los niños creen que ya se ha acabado la actividad, llegan las magdalenas. Vamos haciendo turnos de veinticinco en veinticinco, y los que esperan tienen un parque de juegos cerca, para intercambiar los grupos. Al final todos se llevan su pan y su bolsa de magdalenas, un gorro de papel de los de cocinero... echamos un poco de agua al horno para que silbe, porque eso quiere decir que nos agradece lo bien que hemos hecho todo".       

La iglesia parroquial de Santiago Apóstol

Se trata de un edificio barroco del siglo XVII. La dedicación del templo al Apóstol Santiago es una muestra de la devoción al santo en un pueblo perteneciente al camino jacobeo del Ebro. El interior presenta planta de cruz latina de una sola nave dividida en tres tramos, con cabecera plana y capillas entre los contrafuertes, abiertas a la nave mediante arcos de medio punto.

Los tramos de la nave y las capillas se cubren con bóvedas de cañón con lunetos separados por arcos fajones, mientras que el crucero lo hace con cúpula ciega nervada elevada sobre pechinas.

Los arcos fajones de separación de los tramos apoyan en un ritmo de pilastras adosadas a los muros interiores de la nave. Sobre las capillas corre una tribuna abierta a la nave mediante arcos de medio punto y con huecos de iluminación a base de arcos rebajados. Bajo el presbiterio se sitúa una cripta, que alberga el panteón de los condes de Sobradiel. Todo el exterior presenta muros de ladrillo

Un palacio condal y, ahora, muy consistorial

El Castillo de Sobradiel se asentaba sobre un montículo, que permitía ver la vega circundante; sobre los restos del mismo fue construido el antiguo palacio, todavía en pie en 1816. Existieron unos graneros y caballerizas contiguos sobre los que fue levantado en el siglo XIX el nuevo Palacio de los Condes de Sobradiel, actual Casa Consistorial, situado frente a la Iglesia Parroquial de Santiago. Es un edificio sobrio, de planta rectangular. El material empleado fue el ladrillo macizo, con una cara vista al exterior. Las fachadas están enmarcadas por pilastras adosadas de capitel dórico. El espacio está distribuido en semisótano, dos plantas y una tercera altura abuhardillada.

En la historia reciente, un conde de Sobradiel puso la primera pica del fútbol aragonés como presidente y capitán del primer equipo oficialmente constituido en Aragón, el Zaragoza Football Club, que vio la luz como entidad el 20 de noviembre de 1903 y jugó su primer partido en Zaragoza veinte días después. 

LOS IMPRESCINDIBLES 

María Jesús Secanillas

La filóloga, pedagoga y escritora zaragozana, afincada en Sobradiel, presentó a principios de 2016 su primera novela, ‘La tierra más maravillosa’ (Mira Editores), cuya acción se sitúa en el Pleistoceno y en la sierra de Atapuerca (Burgos).

San Silvestre de disfraces

El próximo domingo 31 se celebrará la séptima edición de la carrera de San Silvestre de Sobradiel. Los premios para los ganadores distinguen la rapidez y el arte en los disfraces; habrá chocolate, caldo y cava para elegir en la llegada.

La Coral y la Rondalla

La Coral de Sobradiel nació en noviembre de 1997, y en la actualidad tiene veinticinco miembros. Por su parte, la Rondalla ha mantenido viva la tradición de los villancicos navideños del pueblo, que se extiende más allá de un siglo.

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