Arguis: la lengua aragonesa navega entre las montañas

El municipio de Arguis obtuvo en la primavera de 2016 la declaración oficial de zona de utilización histórica predominante de la lengua aragonesa propia del Pirineo y Prepirineo.

Miguel Ángel Sanvicente, en las escaleras del Ayuntamiento de Arguis.
Laura Uranga

Miguel Ángel Sanvicente es funcionario en Huesca y concejal de CHA en Arguis. En marzo de 2016 promovió la moción para que se declarase al municipio como zona de utilización histórica predominante de la lengua aragonesa propia de las áreas pirenaica y prepirenaica. Miguel Ángel tiene sus raíces en Bentué de Rasal, pedanía del municipio, a nueve kilómetros de la cabeza del mismo.

El conocimiento de la lengua aragonesa en la zona está por encima de la media: el 13%, concretamente, extranjeros incluidos. Sanvicente matiza el guarismo. "Conocer y hablar no es lo mismo, pero se antoja innegable que en la zona se usan de manera corriente muchas palabras aragonesas. En casa así fue, aunque me educaron principalmente en castellano; mi familia paterna es de Bentué, y mi madre era de Ibirque, un despoblado cercano a Sabiñánigo, a 1.300 metros de altura que se quedó vacío en los sesenta y está en ruinas. Yo me fui a estudiar a Madrid a los catorce años; estando allí me di cuenta de que muchos compañeros me preguntaban a cada momento qué había dicho. Cuando decía cosas como ‘azolle’ o ‘astral’, por ejemplo, pensaba que no era nada raro, y los castellanos no habían oído jamás esos usos. Salvo en los valles de Hecho, Ansó o la Ribagorza, con una consciencia clara de estar hablando otra cosa, en el área prepirenaica veíamos lo nuestro como un hablar normal".

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Particularidades en la zona, como las meigas en Galicia, haylas. Voces como ‘vienetemé’, ‘dámene’ o ‘m’en voy’ –hay claras similitudes con el francés– son habituales. Miguel Ángel se apasiona al repasarlas, con el entusiasmo de un filólogo que, por circunstancias de la vida, transitó por terrenos académicos muy distintos. "Yo estudié un bachiller superior laboral en ingeniería de telecomunicaciones en Madrid, pero no acabé y volví a Huesca, donde estudié Magisterio. Aprobé unas oposiciones en el Instituto Nacional de Previsión, y estudié cuatro años de Derecho ya con hijos adolescentes. El tema de las lenguas me tocaba por raíz, el aragonés aparecía en mis libros de geografía como dialecto, y hablamos de plena época franquista; cuando se legalizó el Consello de la Fabla, formé parte de la primera junta directiva. Y filológicamente hablando, no es un dialecto, sino una lengua".

Politiqueos, no

Una de las preocupaciones de Miguel Ángel a la hora de consolidar su iniciativa cultural era que se asociara a una determinada ideología, con la subsiguiente deriva política. "Nadie discute por la identificación de una gastronomía local, o un folclor concreto, pero la lengua sí es objeto de polémica, a pesar de que simplemente forma parte de nuestro patrimonio cultural; no debería ser arma arrojadiza, sino herramienta de unión. En Arguis se vio así: nadie puso problemas, y hay gente de varios partidos en el pleno. Reserva sí hubo, claro; hay gente que dice que el aragonés no sirve de mucho, y que más valdría aprender el inglés al mismo tiempo que el español. Sí, cierto… aunque tengo comprobado que los que desprecian el aragonés por ‘poco útil’ no utilizan tampoco muy bien el castellano. Y no hay nacionalismo en la idea, sino europeísmo. Conviene no mezclar las cosas", ríe.

Con la declaración obtenida, faltaba un punto clave: el desarrollo de la medida. Miguel Ángel reconoce que ha sido escaso. "Entre poco y ninguno. La presión de los hablantes no es grande, y desde arriba hay un poco de miedo, porque… seamos realistas: no habría muchos funcionarios que acogieran de buen grado que vinieran alguien a hacer gestiones oficiales en aragonés. No se hace suficiente glosa de figuras como la de mosén Rafael Andolz, quien recopiló desde Jaca 30.000 voces aragonesas. Y tuvimos a Lorenzo Cebollero, de Arguis, que murió el año pasado; escribió varias obras muy bonitas en aragonés".

Luces y sombras

Miguel Ángel tiene labia para abordar la cuestión principal del día, cualidad que corrige y aumenta al hablar de las bondades del municipio… y de lo que sobre y falta en su pedanía. "Estamos al lado de Huesca, entre montañas, con el pantano a nuestros pies, construcción clásica junto a obra nueva funcional rehabilitada. No hay que vender nada, ya se conoce de sobra. En Bentué, que es un sitio fantástico, hay treinta casas, y el invierno pasado ya no durmió nadie allá. La ganadería extensiva, no hay agro, ni cobertura de móvil. Son asuntos complicados de cambiar, y si hubiera gente joven, algunos mayores podrían quedarse".

El municipio, por cierto, tiene su cuota de celebridades. En Bentué de Rasal vivió mucho tiempo Reichel Pardo, actualmente establecida en el pueblo de Arguis junto a su novio. La agente forestal se hizo popular por su participación en el ‘reality show’ de RTVE ‘Masterchef 4’.

El Maestro de Arguis y su famoso retablo de San Miguel, que está en el Museo del Prado

El maestro de Arguis fue un pintor anónimo del siglo XV, llamado así por el historiador norteamericano Chandler R. Post. De formación flamenca, su obra más famosa es el retablo de San Miguel (¿1440?) que adornó hasta 1869 las paredes de la iglesia parroquial de Arguis. El carácter aragonés de su autor queda reflejado en la rudeza de los tipos, con propensión a la caricatura, y en la riqueza y brillantez de los atavíos. Se le atribuye además, al mismo autor, el retablito de Santa Ana presente en el Museo de la Colegiata de Alquézar. El retablo de San Miguel fue llevado al Museo Arqueológico Nacional por el archivero Paulino Savirón y Estevan, siguiendo el encargo del ministro de Fomento; enriqueció la colección de Arte Medieval del centro. En 1920 pasó al Museo del Prado, donde hoy se conserva con el número de inventario 1332. El crítico de arte Elías Tormo fue uno de los grandes admiradores del retablo, hasta el extremo de considerarlo una pieza única en Aragón; llegó a atribuir al maestro de Arguis la condición de precursor del Bosco que pintaría unas décadas después.

Las motocicletas también son para el invierno, y llevan cuatro décadas visitando el pueblo

El Moto Club Monrepós de Zaragoza tiene en Arguis uno de sus destinos predilectos. De hecho, los días 16 y 17 de diciembre celebrarán cuarenta y cuatro ediciones de su reunión invernal motera en Arguis, la más antigua de las que se celebran en España. Desde 1946, Arguis se convirtió en una escala técnica predilecta para comer o dormir: en los años sesenta llegó a existir un refugio exclusivo para motoristas, pionero en España: el Moto Refugio San Cristóbal. Arguis también fue escenario de rallies de regularidad en moto en los cuarenta, cincuenta y sesenta, amén del Trial de Arguis. En la marcha invernal se ha hecho tradición el almuerzo de huevos con jamón pasado y pan de hogaza servido por el restaurante La Foz. Decenas de motoristas españoles y europeos acuden al lugar, con un lema grabado a fuego: ‘Patria de dónde venimos y donde siempre regresamos’. En la web del club, www.monrepos.es, se abrirá la inscripción de este año el próximo miércoles 18 de octubre. La reunión está estrictamente reservada a motocicletas de dos ruedas y sidecars. El resto de vehículos, incluidos triciclos y cuadriciclos, no están autorizados. Sólo se puede traer lo que la moto pueda cargar.

LOS IMPRESCINDIBLES

Lorenzo Cebollero

Este arguisano, fallecido en 2016, publicó en 2010 el libro ‘A bida en a montaña’, que consta de casi 6.000 versos en fabla aragonesa en los que describe las costumbres, trabajos y fiestas que vivió de joven en Arguis, su pueblo.

El Pico del Águila

La ruta de ascenso desde Arguis supone cinco kilómetros, con un desnivel de 700 metros y mínima dificultad, aunque exige un buen estado físico. Desde la cima, la vistas del Pirineo central son impresionantes.

Un embalse con historia

El embalse de Arguis se inauguró en 1704 y fue recrecido en el año 1929; es el más antiguo en uso de todo Aragón. Aprovecha las aguas del Isuela, tiene una superficie es de 18 hectáreas y una capacidad de 3 hectómetros cúbicos.

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