Una cosecha media que nadie tiene

La producción de cereal de invierno en Aragón ha logrado ganarse el calificativo de "normal", una media que enmascara una realidad en la que Huesca ha superado las expectativas y Teruel ha recogido una cosecha "nefasta".

Un momento de la recolección de cereal en los campos de la Hoya de Huesca.
Rafael Gobantes

Los promedios es lo que tienen, parece que nadie los cumple. Aseguran que el salario medio de los españoles es de 1.636 euros y son muchos los que piensan que habrá quien gane diez veces más porque la mayoría de las nóminas de este país muestran sueldos que a duras penas rozan los 1.000 euros. Dicen que los españoles hemos disfrutado este año una media de 13,82 días de vacaciones fuera de nuestros hogares y que en esos viajes hemos gastado una media de 222 euros por día. Y al leerlo son muchos los que opinan que habrá quien esté todo el verano de turismo, porque en su círculo más cercano apenas han salido y quien lo ha hecho ya ha tenido mucha suerte si podía alargar su estancia más de una semana. Y mucho menos a ese ritmo de gasto diario.

Esta situación se ajusta perfectamente a lo sucedido este año con la cosecha de cereal de invierno, un cultivo que ocupa en la Comunidad una superficie que ronda las 780.000 hectáreas. La producción total, según los datos de Cooperativas Agroalimentarias de Aragón, ha sido de algo más de 2,1 millones de toneladas. Dicho así, la cifra se encuentra en lo que se considera una cosecha media en Aragón, "absolutamente normal", señalan desde Cooperativas Agroalimentarias. Pero la realidad describe una campaña muy diferente. Nada tiene que ver la recolección en cada una de las provincias, incluso dentro de cada una de ellas existen zonas que no guardan ninguna similitud.

Los cerealistas de Huesca han sido los mejor parados. Su cosecha, que ha superado el millón de toneladas, puede calificarse de "muy buena". Y de ello pueden presumir prácticamente y de forma general todas sus comarcas productoras.

La otra cara de la moneda la protagoniza la provincia de Teruel. Hasta sus graneros han llegado poco más de 260.000 toneladas de cereal, una producción muy mermada no solo respecto al pasado año, sino a la media del último quinquenio, donde la cosecha superó las 400.000 toneladas. Una producción que tiene el dudoso honor de haberse convertido en la peor cosecha de los últimos cinco años y, quizás, como destaca la organización que aglutina a las cooperativas, la segunda peor de su historia tras la obtenida en 2005.

Lo sucedido en la provincia zaragozana vuelve a mostrar el ‘engaño’ de las estadísticas. Sumada su producción, sus agricultores han reunido una cosecha media que supera las 867.000 toneladas. Sin embargo, no todos los cerealistas zaragozanos tienen una producción que responde a este calificativo. Las diferencias son abismales en los rendimientos de los secanos de unas y otras comarcas.

Lo dicen claro los datos de Cooperativas Agroalimentarias. En la margen izquierda del Ebro la cosecha ha sido "normal y buena". En el sur y suroeste de la provincia los resultados "son muy pobres", comparables en algunos territorios, insiste esta organización, a los obtenidos en el Alto Teruel, "que son nefastos".

No es una situación privativa de la Comunidad. La sequía y las altas temperaturas que han ahogado las cosechas de cereal en secanos aragoneses han sido más violentas si cabe en otras regiones productoras, especialmente en Castilla y León, donde se han obtenido unos bajos rendimientos que sitúan la producción de esta comunidad a la cabeza de las peores producciones conseguidas desde que se tienen registros. En su vecina Castilla-La Mancha el promedio vuelve a engañar porque aunque su cosecha puede calificarse de normal a buena, en el sur de la región los rendimientos han sido buenos y malos o muy malos en el norte.

Y aunque Cataluña y Navarra, incluso Andalucía, se han salvado de los elevados descensos acumulados en las producciones de otras comunidades autónomas, lo cierto es que la cosecha española de cereal de invierno suma este año poco más de 15 millones de toneladas, lo que supone un descenso del 35,4% respecto a la campaña anterior y respecto a la media de los últimos tres años.

Una campaña además que pasará a la historia por situarse entre las cinco peores cosechas desde 1990 por detrás de las logradas en 1995 –que todavía ostenta el récord negativo con 11,2 millones de toneladas), en 2005 (11,4 millones), en 1992 (14 millones) y en 1994 (14,8 millones).   

La cosecha de cereal de invierno en Aragón ha sembrado grandes diferencias en la Comunidad, más teniendo en cuenta que ningún agricultor, fuera de la provincia que fuera, fuera de la comarca que fuera, se esperaba un escenario como el que finalmente ha protagonizado la campaña. Nadie podía sospechar a finales de marzo, recuerdan desde Cooperativas Agroalimentarias, que muchas zonas productoras de la región tendrían que lamentar pérdidas y bajos rendimientos. En aquel momento los cultivos se encontraban en un estado "excelente", tanto que incluso en las explotaciones de la margen izquierda del Ebro, los agricultores se preparaban para batir el récord de 2013, un año en el que la producción se ganó el merecido calificativo de «extraordinaria», al superar los 3 millones de toneladas.

"Hasta ese momento, las siembras, sobre todo las más tempranas, se habían beneficiado tanto de la pluviometría otoñal como de los recurrentes chubascos de finales de invierno y principios de la primavera", explican desde Cooperativas Agroalimentarias.

Pero llegó el mes de abril. Y con él un clima que arrasó con las expectativas de los agricultores. Las lluvias se resistían y las temperaturas comenzaron una escalada que les llevó a valores extremos, tan cálidos que incluso consiguieron alcanzar índices nunca vistos.

Quienes más sufrieron fueron, "una vez más", insiste la organización cooperativa, los agricultores del Alto Teruel y de las comarcas zaragozanas de Calatayud y Campo de Daroca, en las que la sequía y el fuerte calor impactaron de lleno y sin piedad en sus cosechas tardías. No es una situación aislada. Este escenario ya casi se ha convertido en habitual en estas zonas en los últimos cinco o diez años, por lo que desde Cooperativas Agroalimentarias, se destaca la importancia y necesidad de abordar un "análisis profundo" sobre la rentabilidad de las explotaciones cerealistas situadas en este territorio, en especial en las comarcas del Jiloca o la Hoya de Teruel, "que han sufrido de forma persistente una escasez aguda de cosecha".

Para esta organización, y así lo trasladó a la Mesa de Producciones Agrarias –en la que participa la Administración, las organizaciones agrarias y las comunidades de regantes–, este análisis debería concluir con la aportación de medidas de contribuyeran a paliar una situación que se califica ya de "estructural" y que afecta "no solo a los agricultores sino también a las cooperativas en las que se integran".

Mientras, de los secanos de la margen izquierda se ha recogido una cosecha "buena o muy buena", especialmente en la parte  central del valle y en las comarcas más orientales (sur de Huesca y aledaños de Zaragoza), donde los cultivos salían del invierno en mejores condiciones. De "regular a mala" ha sido la cosecha en el resto del eje central del Ebro, en el que la cosecha es más tardía.

Calidad y superficie

Al menos lo recogido presenta buena cualidades. Según Cooperativas Agroalimentarias, la calidad del cereal cosechado es "buena o muy buena, con buenos pesos específicos". Aunque, de nuevo, el promedio vuelve a enmascarar la realidad, especialmente en el trigo duro. Si este cereal procede de las cosechas tempranas cumple la media, pero si se ha recogido en las zonas tardías sus parámetros de calidad son notablemente peores, ya que estos cultivos quedaron dañados por las intentas tormentas registradas en los primeros días de julio.

Donde no hay diferencias señalables es en la superficie ocupada por estas producciones, ya que se mantiene el alto nivel de siembras registrado en los últimos tres años y que se extienden a lo largo y ancho de unas 780.000 hectáreas. Claro que no toda la superficie está en el mismo lugar, ni ocupada por los mismos cultivos. Hay menos hectáreas en Huesca (un 2%), pero crece la superficie en Zaragoza (1%) y se mantiene prácticamente inalterable en Teruel. El trigo blando y el centeno retroceden. La cebada avanza hasta sus niveles habituales, tras la pérdida de superficie que sufrió en 2016, como también aumenta el número de hectáreas ocupadas por la avena, y lo hace hasta una cifra que no se conocía desde 2013. Y el trigo duro se estabiliza, porque aunque reduce su superficie respecto a la campaña anterior, ha logrado mantenerla muy por encima de la media de los últimos cinco años.

  • Trigo duro: Las siembras retroceden en las tierras de secano
La producción de los cultivos de trigo duro han rozado las 300.000 toneladas esta campaña. Es un 24% menos que la obtenida en 2016, pero supera en casi un 7% a la media, aunque su calidad ha sido muy irregular, ya que, como explican desde Cooperativas Agroalimentarias, tuvo que soportar una elevada pluviometría en los momentos más decisivos del desarrollo del grano.

Pero 2017 ha sido el año de estabilización si de lo que hablamos es de la superficie ocupada por estas siembras, que "tras un largo periodo de retroceso", como recuerdan desde Cooperativas, había conseguido en los dos últimos años avanzar con fuerte impulso. Zaragoza, una provincia con enorme peso en esta producción que ha cosechado 273.286 toneladas, ha pérdido un 2% de la superficie, una reducción que se ha centrado en el secano, porque, como señalan desde Cooperativas, "las siembras en regadío se han mantenido en línea con el año anterior, en niveles de unas  25.000 hectáreas".

Huesca continúa ampliando superficie y producción (23.177 toneladas), mientras que Teruel, con una superficie sin movimientos, se ha dejado este año (con 1.724 toneladas) casi dos terceras parte de la producción del pasado año.

  • Trigo blando: La menor superficie del último quinquenio
Es el cereal con más arraigo en tierras aragonesas y por eso el más susceptible a mostrar fluctuaciones mayores en sus siembras. Lo demuestra su evolución durante los últimos cinco años. Entre 2012 y 2014, la siembras de trigo blando se mantuvieron estables. Una tendencia que se rompía en 2015 con un "incremento sustancial" de hectáreas. Un año después, esta nueva senda se había desdibujado, para volver al camino mantenido durante el anterior trienio. En este 2017 también ha habido un cambio de rumbo, pero en esta ocasión para marcar un récord a la baja, ya que, como explican desde Cooperativas, el "frenazo agudo de hectáreas" ha hecho que el cultivo ocupara la menor superficie del quinquenio.

Como no podía ser de otra manera, con menos hectáreas es lógico que hubiera una producción menor, pero el recorte ha sido mucho más significativo por las adversas condiciones climáticas. Las más de 390.000 toneladas recogidas suponen un descenso del 31% respecto al año anterior y un 22% menos que la media de los últimos cinco años. Un desplome que protagoniza especialmente Zaragoza y Teruel, ya que los cultivos oscenses se ha comportado con mayor normalidad. 

  • Cebada: El cultivo toma impulso, pero está lejos del nivel de 2014
Los cerealistas aragoneses decidieron en 2017 apostar nuevamente por la siembra de cebada, que consiguió así retomar un impulso que había perdido apenas un año antes. Eso sí, el avance de esta campaña no fue suficiente para alcanzar el récord conseguido hace tres años cuando este cultivo llegó a ocupar más de 480.000 hectáreas en Aragón.

A pesar de ello su producción también se ha visto mermada, aunque el descenso ha sido menos acusado que el de los cultivos de trigo (duro y blando). Hay una explicación, o mejor dicho un motivo. Es la provincia de Huesca la que alberga una mayor superficie dedicada a la producción de cebada y ha sido esta provincia la que durante esta campaña ha cosechado las mejores producciones, con rendimientos "buenos y muy buenos" en este tipo de cereal. Un calificativo que también han conseguido los agricultores de la comarca zaragozana de  las Cincos Villas, con lo que se ha compensado la "mala o muy mala" producción que ha llegado al conjunto de los graneros aragoneses. Porque, según los datos de Cooperativas, se han recogido 1,36 millones de toneladas de cebada, un 15% menos que el pasado año y un 11% menos que en la media de los últimos cinco años.

  • Avena: Mayor siembra tras una buena campaña de ventas
No es un cultivo con gran presencia en la Comunidad, pero en esta campaña rompió la quietud que mantenía en los últimos tres años y se extendió con fuerza, dentro de sus limitaciones, por los campos aragoneses. En números absolutos el incremento de superficie (5.500 hectáreas) no parece destacado, pero, como detallan desde Cooperativas, en términos relativos el aumento es "importante",  ya que supone un 22% más si se compara con 2016 y un 10% respecto a la media de los últimos cinco años.

Este creciente interés estuvo motivado por cuestiones económicas. Los diferenciales conseguidos en las ventas de avena debido a la exportación respecto al resto de los cereales lograron que el inicio de la campaña de comercialización, en un momento en el que los precios de las materias primas cotizaban alto, pudiera lucir el calificativo de "buena".

Eso sí, aunque en el Bajo Aragón turolense o en comarcas periféricas de la provincia de Zaragoza la producción de avena tiene gran incidencia, en el conjunto del territorio de la región su presencia es anecdótica. De ahí que la cosecha, mermada además por la sequía, haya sumado casi 43.000 toneladas, un 14% menos que en 2016.

  • Centeno: Del récord al derrumbe en apenas dos campañas
Ascenso y caída del centeno. Así podría titularse también este espacio, porque si en 2016 la superficie dedicada a este cultivo alcanzó cifras que marcó el récord de los últimos 20 años, en la actual campaña se ha producido un "auténtico desastre", como lo califican desde Cooperativas Agroalimentarias. El centeno ha retrocedido un 38% respecto al número de hectáreas que ocupaba apenas un año antes y un 20% si se compara con el número de hectáreas cultivadas con este cereal en la media de los últimos cinco años.

La sequía explica esta situación, pero también los intensos granizos. Y es que esta producción se sitúa particularmente en las comarcas situadas en las estribaciones del sistema ibérico oriental, una zona ocupada esencialmente por el Alto Teruel, pero cuyo espacio geográfico comparte también alguna comarca zaragozana como Campo de Daroca, en las que las inclemencias del clima no han tenido piedad.

Se ha producido así una "espectacular caída de la producción". Se han cosechado 13.860 toneladas de centeno, que supone un desplome de nada menos que el 64% menos que un año antes y la mitad de la cosecha media del último quinquenio.

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