Los ibones como destino montañero y recurso turístico

Aragón es el territorio peninsular con un mayor número de ibones (245), lagos de montaña de origen glaciar que Turismo de Aragón está promocionando este verano como recurso turístico.

Algunos ibones toman el nombre del color característico de sus aguas, como los Azules.
Jorge Fuembuena-Turismo de Aragón

En aragonés usamos la palabra ‘ibón’ para referirnos a los numerosos lagos pirenaicos de origen glaciar que pueblan nuestras montañas, la mayor parte de ellos ubicados a considerable altura. A finales de julio Turismo de Aragón editó un folleto y abrió un sitio web para promocionar más todavía los ibones como recurso turístico de gran valor paisajístico y natural. Muy escasos en la península ibérica, en nuestro territorio contamos con nada menos que 245 ibones (mayores de 0,2 hectáreas), distribuidos a lo largo y ancho de 20 municipios de las comarcas del Alto Gállego (84), La Jacetania (11), el Sobrarbe (48) y La Ribagorza (102 ibones).

Los ibones son importantes reservorios de agua para los ríos de montaña, acogen una flora y una fauna en muchos casos singulares, por lo que su valor ecológico y científico es muy relevante. Nuestro cuidado y respeto deben ser máximos cuando nos acerquemos a disfrutar de estas auténticas joyas naturales que la montaña nos ofrece.

De todos los ibones aragoneses, solo 14 se encuentran por debajo de los 2.000 m de altitud y un tercio del total supera los 2.500 m, por lo que hablamos de un recurso muy montañero. Pero su número y diversidad permiten que haya incluso unos pocos accesibles directamente en coche o mediante medios turísticos y deportivos, junto a otros adecuados para visitar en familia, en excursiones con niños a partir de los 5-6 años. Entre los primeros figuran el de Baños, en el Balneario de Panticosa y el represado de Llauset (Montanuy); al de Tramacastilla se puede llegar con el tren turístico de Tramacastilla de Tena, que funciona de junio a octubre, y para acercarnos a los de Asnos (Panticosa) y Astún o Escalar (Jaca), podemos hacer uso de los remontes de las pistas de esquí.

Además de estos ibones ‘para todos’ y ‘para familias’, Turismo de Aragón propone el ‘Top 10’ de los ibones, en el que figuran destinos excepcionalmente atractivos como los de Acherito y Estanés (Ansó), Anayet y Arriel (Sallent de Gállego), los ibones Azules (Panticosa), Batisielles y Escarpinosa (Benasque), Bernatuara (Torla), Marboré (Bielsa) y el de Plan o Basa de la Mora (Plan).

De colores y con historias

Algunos de estos ibones destacados los encontramos también en otras agrupaciones realizadas con el fin de acercar este recurso al público montañero y turista. Una de ellas es la de los ibones ‘para familias montañeras’, que requieren un mayor esfuerzo para alcanzarlos (de 2 a 4 h 30 min ida y vuelta, y 700 m de desnivel positivo acumulado), aunque cuentan con senderos señalizados o bien trazados para llegar hasta ellos. Son los casos del ibón de Acherito (Ansó), los de Bachimaña y Ordicuso (Panticosa), el de Armeña (Seira), el Coll de Toro o el Ibonet de Corones (Benasque), entre otros.

La red de refugios de montaña facilita mucho el acercamiento a los ibones, que en algunos casos son su fuente de aprovisionamiento y les dan nombre, como el de los Ibones de Bachimaña. El nuevo refugio de Cap de Llauset se ubica en altura entre dos ibones y está muy cerca del estany (ibón) de Cap de la Vall, uno de los más orientales de Aragón. En el otro extremo del Pirineo aragonés, desde el refugio de Lizara se accede al precioso ibón de Estanés a través del valle de los Sarrios. El refugio de La Renclusa y el ibón de Barrancs, el refugio de Estós y el ibón de Gías, el Ángel Orús y el ibón de Llardaneta, Viadós y los Millares, el refugio de Pineta y el ibón de Marboré, el de Respomuso y el ibón de Llena Cantal son otros ejemplos.

Desde el refugio de Góriz se accede al cercano ibón Chelau de Monte Perdido, que forma parte de otro de los grupos establecidos, el de los ibones de alta montaña que permanecen buena parte del año congelados o ‘chelaus’, como son también los casos del de Balaitús o Chelau del Pico Moros (Sallent de Gállego) o el Chelau de Coma Arnau (Montanuy).

Los ibones son extraordinarios espejos y los hay también ‘de colores’, como los ibones Azules (Panticosa), el ibón Royo, los del Alba y el Blanco de Literola (Benasque). Otros son ‘ibones con historias’, míticas como la de la Basa de la Mora en el Ibón de Plan o reales como el de Ip (Canfranc), que llegó a alimentar la central de mayor salto de Europa, o el de Bernatuara, en Ordesa, lugar en el que desde el siglo XIV se renueva el acuerdo de uso de los pastos fronterizos.

Ahora solo nos queda visitar cualquiera de estos especiales destinos para escribir nuestro particular y, seguramente, inolvidable relato. Encontrarás más información y el folleto descargable en ibonesdearagon.turismodearagon.com/.

-Más información en el suplemento Aragón, un país entre montañas.

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