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Aragón

Hasta 355 funcionarios de prisiones han sufrido “accidentes laborales” en seis años

La mayor parte de estos se producen en los módulos penitenciarios. Los funcionarios lamentan la falta de personal y medios y las agresiones a las que tienen que hacer frente.

A. Maluenda 11/05/2017 a las 06:00


Los accidentes directamente relacionados con el desempeño profesional han sido una constante en los centros penitenciarios aragoneses a lo largo de los últimos seis años. En este período se contabilizan un total de 253 sucesos que han afectado a 355 trabajadores de las tres provincias, según los datos facilitados por el Gobierno central en una respuesta por escrito en el Congreso a pregunta del grupo parlamentario socialista.

Solo una pequeña parte del total de los percances ocurre in itinere, es decir, en el trayecto entre la casa de los empleados y su centro de trabajo. La mayor parte, por encima del 85%, tienen lugar en los módulos donde se encuentran las celdas, aunque en las estadísticas oficiales también se da cuenta de accidentes acaecidos en las zonas comunes, enfermerías, oficinas, áreas socioculturales y torres de vigilancia de las cárceles.

La práctica totalidad de los afectados por los imprevistos son funcionarios, muy por encima del personal laboral, cuya presencia en las plantillas es mucho menor. A lo largo de 2016, por ejemplo, todos los implicados en accidentes (44) en Aragón fueron trabajadores públicos. Cabe destacar que ningún trabajador aragonés, ni público ni privado, ha sufrido en los últimos seis años infartos, anginas de pecho o dolores torácicos durante su jornada de trabajo.

Agresiones

El término "agresiones laborales" es el que acompaña las estadísticas. Desde el sindicato Acaip (el mayoritario dentro de los funcionarios de prisiones) en Zaragoza apuntan que “el grueso de esos 'accidentes' responde a las agresiones de los presos a los trabajadores”, un asunto que consideran su “caballo de batalla”, “junto a conseguir una formación especializada y actualizada, así como medios materiales acordes al trabajo que se nos exige”.

En cuanto a este último punto, desde Acaip se pone como ejemplo “los guantes anticortes que llevamos, que se asemejan a los de jardinería y que no evitan los pinchazos, cuando un preso puede fabricar un punzón con cualquier palo o hacerse fácilmente con un trozo de cristal”.

Fuentes de la agrupación aseguran que los guardias están “desbordados por la falta de personal” y cifran “entre 2 y 3” los vigilantes que hay por cada 140 presos en Zuera y por cada 130 en el caso de Daroca. “Lo ideal sería que hubiera al menos seis”, añaden, mientras recuerdan que “hay más de 2.500 vacantes sin cubrir en toda España”.

Los sindicatos que agrupan a los funcionarios de prisiones reclaman un estatuto que regule su actividad y que ayude a acatar el problema de las agresiones. Como ejemplo, aseguran que si un recluso acorrala a un trabajador y este finalmente escapa ileso, esa situación no se tipificaría como agresión.

Accidentes biológicos

Las estadísticas recogen, asimismo, que entre 2011 y 2016 se produjeron 17 accidentes biológicos con otros tantos afectados, todos ellos en los dos centros de la provincia de Zaragoza. Estos sucesos se circunscriben a aquellas situaciones en las que el vigilante se expone a un contagio potencial.

Un ejemplo claro ocurrió recientemente en Zuera, cuando los vigilantes tuvieron que practicar una reanimación cardiopulmonar a un reo mientras llegaba el médico. “También suceden a menudo durante los cacheos o los registros de las celdas, momentos en que nos podemos pinchar con una aguja”, concluyen desde Acaip.





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