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Educación

Más de 20 colegios rurales han cerrado en los últimos cuatro años en Aragón

Este curso han cerrado 10 escuelas por falta de alumnos y cuatro se mantienen con solo cinco niños. Bureta es una de ellas.

Paula Figols. Zaragoza Actualizada 22/09/2013 a las 22:00


A las 9.15, Asun sale a recibir a sus alumnos al patio. Sergio, Miriam, Marina, Blanca y Kautar hacen una fila y entran tras su profesora en el colegio de Bureta. Son los únicos alumnos de una de las escuelas más pequeñas de Aragón. En la comunidad, 92 colegios tienen diez o menos estudiantes. Y cuatro solo tienen cinco alumnos: Bureta y Tierga (en Zaragoza) y Conchel y Albalatillo (Huesca). También Lledó y Arcos de las Salinas (Teruel) empezaron el curso con cinco niños, pero se han incorporado nuevos alumnos en los últimos días.

En los últimos cuatro años han cerrado 21 colegios rurales en Aragón, según datos del Gobierno de Aragón. De ellos, diez no han abierto sus puertas este septiembre: Acered, Aranda de Moncayo, Torrijo de la Cañada y Añón de Moncayo (en Zaragoza); Pertusa (en Huesca); y Mezquita de Jarque, Orrios, Torrijas, Crivillén y Allepuz (en Teruel).

"La tendencia demográfica es que los pueblos poco a poco van perdiendo población. La población inmigrante también ha bajado en picado, y en muchos casos ellos habían permitido mantener abiertas algunas escuelas rurales. Pero ahora tampoco hay trabajo para atraer a estas familias", señalan desde la DGA. El Departamento de Educación ha fijado en 6 el número mínimo para mantener una escuela rural abierta, aunque hace excepciones en los casos en los que se prevé la incorporación de alumnos en los próximos cursos.

La escuela de Bureta pertenece al CRA (Colegio Rural Agrupado) Las Viñas (Fuendejalón). En total en Aragón hay 78 CRA, con 368 aulas rurales. En muchos casos se trata de colegios unitarios en los que alumnos de diferentes edades comparten aula. "En Aragón hay muchos más CRA y aulas rurales que en la mayoría de comunidades autónomas. Aquí se ha apostado por este modelo por la dispersión geográfica. En otras comunidades se tiende a agrupar a los niños en colegios más grandes", explican desde Educación.

Clases casi particulares

A primera hora toca Lengua en la clase de Bureta para los chicos de Primaria: Marina, de 6 años, lee un texto de su libro de Lengua; Miriam, de 7, estudia qué es una noticia, y Sergio, de 9, aprende los gentilicios. Mientras, las pequeñas del grupo repasan los números: Kautar, de cinco años, escribe del 1 al 6, y Blanca, de 3, intenta hacer el trazo del 1 y el 2. "Lo que más me gusta es la Educación Física y la música. Toco el trombón en una banda de Zaragoza y para las fiestas toco en la charanga. De mayor me gustaría ser profesor de trombón", cuenta Sergio, el mayor del cole y hermano de Marina y Blanca.

"Para los profesores es más difícil llevar una escuela unitaria, porque tenemos que organizarnos muy bien las tareas
según las edades de los chicos. El secreto es tener siempre trabajo para todos. Este modelo también tiene sus ventajas para los alumnos, porque al ser tan pocos son casi clases particulares", afirma Asun Ostalé, maestra interina que ha llegado este curso a Bureta. Ella es especialista en inglés e imparte todas las materias, menos educación física, religión y música. Para estas asignaturas vienen otros profesores del CRA.

"La escuela está muy bien dotada, con pizarra digital, ordenador, biblioteca y dos aulas grandes", apunta Asun. El colegio de Bureta ganó en 2009 el premio CreArte del Ministerio de Cultura por la realización de una película ("La importancia de llamarse Applewhite") que grabaron los alumnos y su profesor (entonces, César Bona). El premio, de 20.000 euros, se destinó a mejoras en el centro.


La escuela de Bureta se salva del cierre

La escuela de Bureta estuvo a punto de cerrar al final del curso pasado, al quedarse solo con 5 alumnos. "El pasado mes de julio se cerró la escuela y no sabíamos si volvería a abrir en septiembre. Hablamos con la consejera y con la directora provincial, y explicamos que en los próximos años está previsto que entren más niños de 3 años. Finalmente se ha mantenido, estamos muy contentos. Tener la escuela abierta da mucha vida al pueblo", asegura el alcalde, Jesús Borobia.

"Queríamos que siguiera abierta. Así los niños no tienen que salir tan pequeños del pueblo y podemos venir todos los días andando", afirma Ana Bartolomé, la madre de Miriam. "Queremos que nuestros hijos vayan a la escuela en nuestro pueblo. Cuando sean mayores ya irán al instituto en Borja", señala José Javier Martínez, agricultor, el padre de Sergio, Marina y Blanca. "Ya somos buretanos, nos gusta el pueblo y la escuela", subraya Mustafá Djait, el padre de Kautar y de Fátima, de 2 años, que mira la clase con la nariz pegada a la ventana. El año que viene irá ella al cole.




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